• 1 barra de pan del día anterior 1 litro de leche 1 rama de canela Rayadura de piel de limón 4 cucharadas soperas de azúcar 3 huevos Azúcar y canela para rebizar Aceite de oliva virgen

Todos los años mi madre y toda mi familia en Cuenca hacen torrijas de leche… en una semana no se las que te puedes llegar a comer!!! claro, que en ninguna casa dices que no porque están riquísimas!!! Antes solo las comía en estas fechas, en las que son típicas. Pero desde que conozco a mi marido en casa de su abuela se comen de postre siempre que sobra pan de ayer, un ooooleeeeeeeeeeeeeee por ella. Por eso estas torrijas de leche se las quiero dedicar a la abuela de mi maridín, Fina, guapaaaaa. Quería haberla puesto el fin de semana anterior pero no me dio tiempo, de todas formas aún llegáis a comerlas en semana santa, y si no hacéis como Fina, de postre siempre que tengáis pan de sobra 😉

Como casi todos sabréis es una receta muy fácil y rápida, el único inconveniente es que enguarras un poco la cocina de cacharros, pero no hay nada que un lavavajillas y estropajo no arregle ;). Vamos con la receta.

El pan del día anterior lo partes en rebanadas no muy anchas (aunque eso depende de gustos). Yo utilicé una barra de pan tipo rústico, vamos, que era muy ancha, así que por el centro de la barra partí las rebanadas por la mitad para que no toque tanto trozo y para que sea más fácil manejarlas cuando están empapadas. Las colocamos en una fuente profunda y larga.

En un cazo ponemos la leche con la rama de canela, las 4 cucharadas soperas de azúcar y la piel rayada de un limón. En este caso no podemos echar la piel interior, la blanca, del limón ya que cortaríamos la leche al ser un cítrico. Cuando rompa a hervir retiramos del fuergo y vertemos sobre el pan, que se empape bien todo. Dejamos que repose unos minutos (o lo que queramos, yo lo hice antes de comer y las dejé reposar hasta que terminé de comer, sin problemas) para que el pan abosrva toda la leche.

Batimos los huevos y ponemos una sartén con aceite de oliva virgen en el fuergo, cuando esté caliente pasamos el pan por el huevo (OJO, sin dejar reposar, no queremos que empape de huevo que ya lleva leche, así que vuelta y vuelta) y freímos en el aceite, hasta que queden doraditas. Las vamos sacando y las ponemos en papel de cocina para que absorva el aceite que sobra, cuando aun están calientes (sin que nos quememos) las pasamos por la mezcla de azúcar con canela y liiiiistas. Para ir friéndolas y rebozándolas me puse el plato con el papel de cocina al lado de la sarten y luego otro plato con papel de cocina en un lado, en otra parte el plato con el azucar+canela y el plato o fuente definitiva. Cuando sacaba unas del aceite las ponía a escurrir y metía otras a freir, entonces las primeras las rebozaba y las emplataba mientras se freian las siguientes, así me aseguraba de que no se enfriaban demasiado.

Cuando rebozas en azucar y  canela estando las torrijas aun calientes consigues que la mezcla se funda y se haga un almíbar y al comerlas no masticas el azúcar entero. A nosotros nos gustan más así, pero si os parece más bueno que se note el azúcar entero entonces  esperar a que se enfrien después del aceite y las rebozáis.

Este es un postre o tradición que pasa de generación en generación así que ale, a contribuir a esta herencia.

Abrazos azucarados.

Ana.